Como me pareció El Himalaya? Me preparo un poco para dar esa respuesta.
Voy en el cuarto de los cinco vuelos de regreso a casa. Se me nota el agotamiento físico, no paro de toser es un sonido profundo de pulmones secos. Se oye feo y la garganta no para, we siente irritada, al igual que la señora que viaja a mi derecha y trata de dormir.
Es el reflejo de lo que dejé en la montaña. Me preparé mucho, pero se llevó mucho más de lo planeado. La altura exigió un corazón eficiente y pulmones dando su máximo. Las 8 horas promedio de caminatas de estos diez días de ascensos y descensos pronunciados dejaron las rodillas hinchadas y todo el sistema muscular de las piernas engarrotado por el uso. La cantidad y calidad del esfuerzo físico y mental me llevaron hasta cierto punto, a partir del cual la emoción jugó un papel relevante. Una especie de limpieza profunda, un peeling de varias capas de cargas y tensiones desconocidas en su mayoría, a simple vista percibidas como un gran sufrimiento. Mucho llanto. Demasiado silencio, acompañado del susurro del viento helado. Muchos nudos internos buscando salidas. Desespero y confusión. Sueños pesados por las noches, y adicionalmente, malos momentos para el estomago. Comida Nepalíe muy pesada.
La subida al Everest trajo catarsis. "Por qué estoy aquí? Nadie me dijo que era así de difícil. Con razón no mucha gente lo hace. Están todos locos. Yo también."....
Pero cuatro cosas me sacaron adelante. La mala de oración budista que mi mama me encargó para llenarla de energía de las montañas, pero que terminó teniendo el efecto contrario. Se convirtió en mi creencia y fuerza profunda colgada en mi pecho. La segunda ayuda fue el grupo. 17 personas de distintas nacionalidades que fueron con cargas personales y se unieron a un sueño mayor, desafiar la probabilidad de que solo dos terceras partes del grupo llegara, y terminamos llegando todos. Ayudándonos y motivándonos. La tercera, una enfermedad cercana que me asusta y confunde. A quien me le arrodillé y dediqué el ascenso de los 5,555 metros del Monte Kalapatar y que cada vez que el aire me faltaba y me salían lágrimas de intenso dolor, pensaba. Si él puede, yo también. Y estoy aquí para entregárselo todo.
Mi cuarta magia, el amor. Esa persona que cree que puedo aun cuando no me queda energia, y encima de llevar su propia carga me dice: "Dame tu morral yo hago todo. Tú solo pon la actitud que con eso llegamos. Esto nos hace más fuertes. Estoy orgulloso de ti."
Fue demasiado difícil. Pero con esos cuatro súper poderes imposible no darlo todo. Y suena como si la montaña se llevara todo. Exigiera todo. La verdad es que es mucho más lo que entrega. Tanto, que necesito un buen tiempo para digerirlo. Por el momento mucha humildad, mucha enseñanza, conexión profunda con nuestras raíces. Como bien dijo Sir Edmund Hillary en su primer acenso a ese pico blanco por el que tanto se ha deslumbrado la humanidad: no es la montaña la que escalamos. Es a nosotros mismos a quien llegamos.
Eso significó para mí acercarme al techo del mundo.
Pisando los 30
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martes, 29 de marzo de 2016
miércoles, 25 de febrero de 2015
Bienvenidos a mi blog.
A mis 16 aseguraba que escribir me aclaraba la mente, me recreaba y me acercaba a las personas que más quería a través de muchas cartas escritas a puño y letra.
Hoy, a siete meses de mis 30, pretendo un acercamiento más singular y a la vez lejano, pretendo encontrar una sola persona, que a ratos aseguro conocer a detalle, y en ocasiones resulta un incógnito. Busco encontrarme.
Abro este espacio para echar carreta sin juicio y ojalá algún día establecer este puente de conexión con mi espíritu y cotidianidad. (Vaya que pretensión tan compleja). Pero como dicen, si uno atina a la luna y se descacha, aterriza en alguna estrella.
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Abro este espacio para echar carreta sin juicio y ojalá algún día establecer este puente de conexión con mi espíritu y cotidianidad. (Vaya que pretensión tan compleja). Pero como dicen, si uno atina a la luna y se descacha, aterriza en alguna estrella.
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